En este penthouse antiguo, dos roomies y sus mascotas necesitaban resolver problemas de humedad, ruido entre recámaras y darle estilo al espacio. Atendimos los detalles técnicos como filtraciones y acústica, intervenimos muebles existentes con limpieza, lijado y pintura, y sumamos plantas, color y elementos funcionales. El resultado fue un hogar cómodo, silencioso y con carácter, donde nadie imaginaría que el edificio tiene tantos años.
Transformamos una terraza en desuso en una recámara secundaria completa, integrando:
Todo con una distribución eficiente que respetara los límites estructurales de la casa y aprovechando al máximo el espacio disponible.
¿Qué logramos?
La familia recuperó la paz en casa. Cada hijo cuenta ahora con su espacio personal, mejorando la convivencia, el descanso y la rutina diaria. Una solución arquitectónica que elevó la calidad de vida de todos los integrantes.